Y 2015 el año del amor. ¿Dónde encaja esto?

En el mes de marzo, 8/3, es el Día de la mujer pensante, superviviente, conquistadora de la independencia mental, escapista del pensamiento único, luchadora e insumisa ante la injusticia y la desigualdad por razón de sexo. Y este año 2015 es el año del amor. ¿Dónde encaja todo esto?

En un día como hoy, 8 de marzo de 1977, la ONU proclamó esta fecha como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. Hasta entonces mujeres como Flora Tristán, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, Rosa Luxemburgo, Clara Campoamor o el grupo de trabajadoras textiles que se manifestó por las calles de Nueva York en protesta por sus pésimas e injustas condiciones laborales, lucharon, dialéctica y físicamente, por territorios para la igualdad de género. Gracias a ellas hoy las mujeres nos sentimos un poco más seguras, tenemos una voz propia y llevamos a cabo acciones independientes, primero del entorno familiar y, posteriormente de los maridos. La disputa no fue fácil, pero la convicción y fortaleza de los argumentos solían ser la base del triunfo. Toda esta labor revolucionaria y coherente en actos en favor del cese de la discriminación femenina pende de un hilo ante situaciones sociales como estas en las que habitamos.

Por eso…

En el presente año (y probablemente en los sucesivos) vuelve a ser imprescindible y  necesario recordar que la Mujer es una entidad independiente de las directrices y órdenes: de su familia originaria, de la posterior, de los estamentos religiosos que poco conocimiento o relación tienen con sus acciones (y parecen querer arrinconarla y relegarla a segundos, terceros cuartos planos o la invisibilidad perpetua), su vida o sus pensamientos, o de su cónyuge. Y es una persona con Derechos, Actividades y Decisiones propias o así, en justicia, debería ser.

También es importante apuntar y remarcar el papel de la Educación en el hecho de que la mujer es una persona igual en derechos y diferente  e independiente de los demás y que la base de esta consideración radica en esa educación en equidad y respeto, que debe partir del ámbito familiar, en ningún caso sólo de  la escuela o la calle. Recordemos y pensemos por ejemplo cuántas veces en bastantes hogares los chicos/hombres se queda(ba)n sentados en la mesa o el sofá mientras las mujeres de la casa se dispone(ía)n, diligentemente, a realizar sin queja alguna sus ‘labores domésticas’; o las veces en las que se reprendía a una niña/o por pretender jugar con objetos no asociados a su género. ¿Por qué actos como éstos se mantienen así en vez de atenuarse y erradicarse? Muchos padres/madres actuales (y jóvenes) se siguen refiriendo a los juguetes como ‘de niño o de niña’. Esas muletillas van quedando registradas en el subconsciente.

En relación a los estamentos eclesiásticos, y pensando un poco y muy por encima en los orígenes de la Iglesia, esa entidad cuya idea inicial, al menos eso era lo que se nos enseñaba en clase,  se basaba en la protección del débil, la promoción del altruismo, la bondad, la caridad o la compasión. ¿En qué lugar quedan ese tipo de ideas benévolas y pensamientos utópicos cuando se insta a la mujer a la sumisión, al sacrificio y la resignación, es decir, a la renuncia a su identidad propia como persona individual y merecedora de respeto y derechos? ¿Son coherentes las premisas de partida con la sombra degenerada en la que en ocasiones se ha convertido esa institución? Ni por lo más remoto. Un grupúsculo que esconde sus abominaciones y rara vez se avergüenza o reconoce los horrores que él mismo ha instaurado no tiene licencia moral alguna para ‘ordenar’ a otros pautas vitales a seguir.

Acerca de la controvertida ley del aborto, más allá de la en ocasiones banal sentencia de ‘nosotras parimos, nosotras decidimos’ o ‘en mi coño mando yo’ tan absurdas y zafias como las fantasmadas, tan del gusto de sus homólogos masculinos, del tipo de: ‘con esta polla hago lo que quiero’ o la vanagloria pública de ‘qué machito soy, mira que fulanita es una golfau otras similares. Con sentencias y/o pensamientos de ese calibre se cae en la misma estupidez que se critica en el hombre, se trata de destacar por el sentido común, la necesidad de un derecho y la conquista argumentada en la medida de lo posible de lo que es justo, no de igualarse al ‘oponente’ en zafiedad. Por otro lado, se corre el riesgo de frivolizar el tema, como se está haciendo en medios próximos a los promotores de la ley, con lo que puede llegar a conseguirse el efecto contrario, que el contenido quede eclipsado por la forma. Finalmente, es interesante ojear la idea de que el hecho de que la ley sea permisiva no implica que vaya a haber una oleada de abortos masivos como si fuera una moda temporal,  la legalización no implica que hacerlo sea producto de una decisión caprichosa sino que aporte ciertas garantías sanitarias en el caso de llegar a ese extremo. La ilegalización de una actividad no conduce a que deje de existir, simplemente a que suceda con riesgos y en la clandestinidad. Y tendría que ser, en cualquier caso, una decisión que atañese a los implicados, no algo perteneciente al dominio público.

 ¿Y qué hay sobre ser la princesita guapa, servil y sumisa de la casa?

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De nuevo nos damos de bruces con una realidad hostil, distorsionada y distante de aquello que, en relación a las conquistas de la educación, la familiar y el autoaprendizaje que cada uno debiera asumir, el sentido común o la introspección objetiva, nos habíamos imaginado que sería. El ámbito doméstico es muchas veces lejano a los preceptos de  igualdad, democracia o diálogo porque los modelos interiorizados, tanto en el cine como el entorno habitual, nos han inculcado que el rol predominante y exitoso femenino ha de ser el de personita frágil, dócil y sumisa. Y que tales comportamientos harán muy feliz a nuestro hombre. Y que si éste muestra celos es señal de que el amor que nos profesa es muy fuerte, aunque a veces duela. Y que esa manifestación de hombría es ‘normal’. Y que tal vez nos la merezcamos, pero que, en el fondo todo eso es por nuestro bien, porque nos quiere con locura y porque, a veces tiene un mal día y necesita desahogarse. Y, lo peor de toda esta historia es la amenaza de perpetuación, el fenómeno dista bastante de ser erradicado. El maltrato o los celos ni son una manifestación extraordinaria del amor ni un juego ni algo que les pasa a los/as demás. Son problemas que se mitigan con la educación en igualdad. Si no se trabaja en esta línea como punto de partida la conquista de derechos realizada por las pioneras en busca de la igualdad entre las personas habrá caído en saco roto dejando una incontable hilera de víctimas en el camino.

2015, el año del amor (no de la sumisión ni de si no me dices lo que haces las 24 horas del día es que no me quieres)

¿El amor? Oh, qué bonito, qué romántico, qué maravilloso, qué de princesita.

¿Guarda alguna relación con esas fantasías que tanto nos gusta comprar? Veamos, que nos gusta saber esas cosas, cómo se define el amor:

Concepto universal relativo a la afinidad e interpretado como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego que produce una serie de emociones, actitudes y experiencias.

En la filosofía se entiende como una virtud que representa todo el afecto, bondad y compasión del ser humano.

Se interpreta, básicamente, de dos formas: bajo una concepción altruista basada en la compasión y la colaboración y bajo otra egoísta basada en el interés individual y la rivalidad. Actúa como facilitador de las relaciones interpersonales y por su cardinal relevancia psicológica es un tema recurrente en las artes creativas (cine, literatura y música).

Bien, ya sabemos qué es el amor. Algo intuíamos según lo que nos dicen los libros, algunas canciones y ciertas películas no muy cargadas de almíbar. Una vez más corroboramos que no se relaciona con la posesión, ni con la dominación, ni con el control, ni con los celos. Ni con que haya que ser una princesita que espera que alguien venga a salvarla, mucho menos que la mantenga porque, no olvidemos reflexionar un poco sobre esto, la independencia económica, aparte de ser algo justo y lógico, proporciona otra vital (lamentablemente hay a quien sí le gustaría vivir instalada/o en este estereotipo), ni con que haya que rendir cuentas a instituciones, realizar prácticas extrañas sin convencimiento, ideas impuestas o parejas constrictoras e invasivas. Eso no es amor, eso puede ser chantaje, por ejemplo, o celos. Sí, otra vez están aquí.

Analicemos un poco, de lo más leve a lo grave (que, sin risa alguna, puede acabar siendo letal) y veamos qué es lo que opinan algunos adolescentes.

Gráficos vía cniie.

Adolescentes y violencia de género (gráfico dcha: ellas) Vía cniie
Adolescentes y violencia de género (gráfico derecha: ellas)

Los celos son cansinos. Si estamos con alguien es porque nos sentimos bien con esa persona, porque nos entendemos, porque hay entre ambos un sentimiento de lealtad (presente también en cualquier tipo de relación amistosa, no solo en el amor). Un espacio de privacidad personal es deseable y necesario.

El control y el amor no son sinónimos, ni acciones compatibles ni complementarias. La necesidad de control dice más de la deteriorada autoimagen de quien la practica que de la persona controlada.

Los celos y el control denotan inmadurez en quien los inflige, ¿Por qué no puedes fiarte de la persona con la que compartes tu vida? Si no puedes (evitar no) fiarte de una persona, ¿por qué estás con ella?

Dejarse chantajear por el comportamiento y el abuso de una persona celosa y controladora no es sinónimo de ser querido/a e idolatrado/a, sino más bien de dejarse manipular, arrinconar y amedrentar hasta ceder el poder sobre la propia existencia sobre alguien que puede acabar anulándonos mental e incluso físicamente.

¿De dónde parten estas ideas de que la sumisión, el control del otro, los celos y el maltrato son patrones normales y demostraciones reales e importantes de la magnitud del amor? ¿Alguien conoce la respuesta?

El amor no anula, el amor no mata, el amor no ningunea. El amor puede doler, sí, una ruptura, un enfado o una discusión hacen llorar, pero de manera efímera.

adolescentes y violencia género
Respuestas de adolescentes (chicos) sobre violencia de género

Ahora vamos con la parte deseable: si ese amor es amistad, igualdad y lealtad, las diferencias acabarán encajando y tolerándose la diversidad. ¿Sí o no? En resumen: una vez más volvemos a decir que la igualdad se asienta en la educación, que ésta ha de empezar en casa, por medio del diálogo y la coherencia, que no se debería dejar únicamente en manos de la televisión o las redes y que puede complementarse en la escuela.

Igualdad ↔ educación ↔familiaescuela ↔ejemplos ↔coherencia → posibilidad de éxito

Anycka HC en Factory Magazine, marzo 2014

Diván Inquieto,  reediciones marzo y agosto 2015

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