Anastasia Steele: ¿esto que me pasa es amor o qué?

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Anastasia, la mujer desconcertada: iluminadme

El fenómeno Grey se perdió en el olvido tal y como pronosticamos tiempo atrás, por lo menos hasta que llegue la segunda película (o salga un nuevo libro. Oh, wait, parece que ya. Pero Anastasia Steele aún puede ser merecedora de una pequeña parte de nuestra atención. Puede servirnos de modelo, ejemplo o espejo distorsionado, ya veremos el qué. En su historia, plagada de tópicos, avances, retrocesos y experimentación de nuevas sensaciones y/o actividades que de otra manera nos habrían parecido auténticas perversiones o experiencias para los otros, se nos plantean una serie de interrogantes sobre los cuales habremos de divagar.

En la novela se nos introduce en la vida de la protagonista presentándola como una estudiante de literatura modélica e inocente a punto de licenciarse. Empezamos bien, las personas/mujeres empollonas son inocentes, castas y, al parecer, la idea es que también algo reprimidas. Y saben mucho de aquello, pero les falta de esto.

De una manera totalmente fortuita conoce al famoso señor Grey. Una caída accidental en la entrada a la oficina del ejemplar (sí, ejemplar porque como tal se le trata, cual si fuese una especie en peligro de extinción, y no, no nos caerá esa breva, por lo menos de momento.) hace pensar al apuesto caballero que es una maniobra de sumisión que la chica efectúa de manera totalmente consciente (de algún modo cree que ella conoce o intuye sus aficiones sexuales y que trata de seducirle con ese acto de sumisión. Lo siento, pero: ¿de qué vas, chaval?). Anastasia tiene el don de leer la mente ¡Y nosotros sin enterarnos!

Atención señores: esto, lo mismo es de suma importancia, así que tomen nota por si acaso. Si no eres apuesto, o lo es tu cartera, lo tienes bastante difícil para pillar. Una dama de bien no puede sobrevivir por sus propios medios. La aspiración última de las mujeres pareciera ser vivir a la sombra, mantenida económica o/y de cualquier otro tipo de un apuesto príncipe, salvador e iluminador mental (lo tristemente sorprendente es que hay quien sí, hay quien no sabe diferenciar entre cuidar a alguien, y que la otra persona también lo haga, desde una posición de igualdad, ojo que esto no tiene que ver con el dinero, y que cuidar implique, manifiesta o veladamente, una posesión: tienes que o voy/vas a mantenerme y ser mi dueño/a).

grey
Mira cómo molo.

Vamos con los tópicos (y algunos un poco extraños): una persona con intereses culturales no tiene más vida que la académica. La posición y el éxito social tienen que ser atractivo suficiente para que las damas sucumban a los encantos masculinos. Por no hablar de la belleza física, por supuesto, ya sabemos que Grey es un hombre físicamente agradable, y eso que, como dice cierta frase, sobre gustos no hay nada escrito.

El primer encuentro entre la pareja es bastante aséptico, pero la llama ya está encendida. Poder, belleza, elegancia y una cierta capacidad de dominación (para eso soy la chica) parecen ser un buen gancho de entrada para las Cenicientas modernas. Eso sí, la cara b a veces no es tan ideal. Avisados/as quedamos.

Sus posteriores ¿citas? tampoco tienen desperdicio. Él, poco acostumbrado a que le contradigan o no se plieguen a sus deseos, encuentra a Anastasia fascinante por su cándida rebeldía e inocencia sexual (a ésta la domestico yo sí o sí, que la función del hombre de toda la vida ha sido enseñar a nuestras muñequitas cómo es la vida). Ella se siente atraída por él porque, aparte de su innegable atractivo físico y un imponente miembro viril (que parece ser conditio sine qua non para algunas locuaces damiselas a la hora tanto de un encuentro de carácter meramente sexual como a la de establecer una relación consistente con un hombre) es una cajita de desgracias pasadas y, como buena fémina, tiene que ayudarle en su recuperación anímica. Por una parte la historia de Cenicienta, la damisela humilde que atrae la atención del Príncipe encantado; por otra, la transmisión de que el hombre desprovisto de belleza física o poder económico no tiene mucho que aportar a una mujer y, en tercera instancia, el deber de redimir al héroe de pasado trágico de su carga. Pensar en uno/a mismo/a y tener tiempo y espacio en solitario ya luego si eso, ¿no es hora de ir cambiando el cuento y que la bondad no implique ser una alfombra humana?

No sorprende demasiado el hecho de que la señorita Steele se halle desconcertada ante el cúmulo de atenciones de las que es objeto por parte del todopoderoso Grey. Al principio de la obra se nos presenta como una persona dócil y reservada, agradable en el trato y a la vez resuelta e independiente. Por eso es cauta e incrédula respecto a los intentos de acercamiento de Grey, que se muestra como un personaje poco acostumbrado a las negativas a la par que controlador y, en ocasiones soberbio, convencido de que, amparado por su fortuna, puede manejar y disponer de los destinos, necesidades y voluntades de otros. Según avanza la historia nos damos cuenta de que todo esto no conforma más que una coraza protectora del dolor por los recuerdos o de la visión de un futuro incierto. Ella rehúsa su cercanía por ello, pero al tiempo se siente atraída por el halo de misterio. Una parte de sí misma, esa en la cual una persona, hombre o mujer, se siente halagada cuando recibe atención y cuidado, se halla subyugada por el magnetismo de Grey. Su parte más analítica y racional impide que se abandone por completo a los deseos del otro.

A partir de aquí comienza la discordia. Una serie de disputas frecuentes por el control (¿será que les pone?, ¿por qué?). Ella, persona de carácter obstinado, no se deja dominar por el hombre acostumbrado a manejar cualquier situación a su antojo. Esta situación es sorprendente y nueva para ambos. Él la colma de atenciones, algunas materiales y otras afectivas, éstas con cierta dificultad por no haberse encontrado anteriormente en una situación similar. Tales esfuerzos por parte del galán colocan a la heroína en una incertidumbre constante. No sabe en ocasiones cual ha de ser su papel, si el de la persona independiente que fue antaño o la pareja abnegada y solícita en la que en ocasiones acaba convirtiéndose la mujer (unas veces por voluntad propia, otras por un cúmulo de acontecimientos que llevan a esos trances).

Anastasia, reflexiona

En los desencuentros por la independencia, Steele suele resultar vencedora, unas veces con claro dominio y otras por medio de pactos. En estos momentos parece ser que las féminas son capaces de tener una vida y pensamientos propios en relaciones de igualdad con los hombres. Sin embargo, en otras ocasiones se nos da a entender de un modo subliminal que la mujer ha de dejarse cuidar, proteger y mantener por un hombre, que cuanto más poderoso sea y más alardee de sus posesiones (cosas, riqueza o personas) más feliz puede hacer a una incauta y perdida Cenicienta. Resultan a estos efectos particularmente irritantes los momentos en los que, tras hacerle algún regalo a Anastasia, el perfecto y jactancioso Grey sentencia que hace eso ‘Porque puedo’.

El siguiente ámbito dónde Christian se complace en mostrar su absoluto dominio es en el sexo. Ella, como antiguo e inexperto ratón de biblioteca, solo conocedora de las tormentosas experiencias de su heroína Tess Durbeyfield, es la dócil y moldeable discípula del maestro. Volvemos a ver aquí un aparente retroceso en lo que podría ser considerado como una imagen aceptable (y quien sabe si deseable) de la mujer: sumisión e inexperiencia mostradas como auténticos tesoros para hombres avezados y poderosos que introducirán a las damas en un mundo mágico, espectacular y fantástico de sensaciones inimaginables, y supuestamente más placenteras a mayor tamaño del miembro. Ella, cual cervatillo inocente, siempre a la expectativa de lo que su señor decida. Probablemente no sea nada malo, seguro que resultará deleitable, más aún cuando el efebo la atrae de un modo incandescente. Pero si aprende de y con  él y se deja hacer, tanto mejor. Progresivamente va iniciándose en las artes amatorias, sintiendo orgasmos espectaculares y experimentando casi todo lo que él quiera porque, al menos en principio, siente que de ese modo su sombrío adonis conseguirá expiar su inmenso dolor, a pesar de que ella todavía no tenga muy claro si algunas de las cosas que él le hace son de su agrado. Pero no importa, antes ha de pensar en su ejemplar que en sí misma. Y cuando se siente mal la justificación que de él obtiene es que no está acostumbrado a ese tipo de intimidad con una persona.

A él le atrae su seguridad, obstinación y fortaleza anímica. A ella sus contradicciones, su fragilidad escondida, sus habilidades y, en cierto modo, su protección, aunque también toda esa red de control le irrita. Anastasia Steele se siente desconcertada, porque no sabe cuándo acierta o yerra en sus acercamientos anímicos. Y nosotros/as nos preguntamos incrédulos/as por las extravagancias de la obra, qué interpretación puede hacerse del personaje femenino en base a tanta contradicción. ¿Las damas tienen que salvar a los caballeros atormentados y rudos de sí mismos? ¡Venga ya! Demasiadas tonterías. 

Así que las mujeres, mirándonos en Anastasia Steele, llegamos a la conclusión de que, mientras no nos embarquemos en una relación podemos mostrarnos independientes, que es un rasgo que nos confiere un aire de simpática rebeldía, llegado ese momento habremos de ser la mujer que está tras el gran hombre. También hemos aprendido que necesitamos un hombre que nos proteja, que ha de ser muy guapo, o al menos bastante atractivo, que el haber tenido un pasado difícil supone un plus para nuestra feminidad, porque si conseguimos ayudarles a exorcizar sus demonios nuestra existencia tendrá más sentido ya que seremos el mejor reposo del guerrero. Igualmente tendremos derecho a una rabieta de vez en cuando, que para eso somos chicas y entra en nuestra naturaleza. Y si llegamos a una nueva relación sin necesidad de mostrar nuestras habilidades sexuales previas y dejamos que nuestro héroe nos ilustre, le haremos inmensamente feliz. Ese es uno de los caminos desandados e imperfectos. Si no somos tontas y dóciles no sabemos amar.

¡Anda a… a la vía, a ver si pusieron traviesas nuevas!

¿Qué pasará cuando subamos el siguiente peldaño? (continuará)

Anycka HC, @anycka7, en Diván Inquieto, junio 2015

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