El retrato de Dorian Gray, ¿cuánto hay de horror en vuestro interior?

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Un relato como este, en el que se muestra la degradación moral sin perturbación o daño alguno en la conciencia es merecedor de encontrarse totalmente expuesto y abierto ante nuestra mirada como autopsia certera de acciones y las consecuencias de su materialización.

Oscar Wilde plasma con intemporal maestría el retrato de una sociedad victoriana, frívola, banal y vacía que no dista mucho de lo que actualmente acostumbramos a vivir. El hombre se ha convertido en un ser cada vez más egocéntrico, frío, superfluo y egoísta. Un espécimen que sólo busca su propio interés, sin saber siquiera cual es éste, consumidor de imágenes, sensaciones y experiencias sólo por ocupar su tiempo, por no pasar ni un aterrador instante a solas. Apreciamos en el individuo (actual) una absoluta carga de vanidad y soberbia que atraen a esta obra a lo más alto del pedestal. Fiel reflejo de lo que el espíritu mezquino, depauperado y oscuro del hombre permite que salga al exterior.

El texto original (1890) expone los encuentros de un arquetípico* grupo de seres: Dorian Gray, Basil y Lord Henry Wotton. La obra radiografía los más pérfidos pensamientos y actos a los que un individuo puede llegar a entregarse. Las características, modus operandi (por obra u omisión), la depravación y lo oculto, reflejan el funcionamiento del entramado social, pasiones, virtudes (o ausencia de ellas) e influencias más o menos bienintencionadas, en estos personajes, bien puede ser adaptados a situaciones y escenas controvertidas en todas nuestras vidas cotidianas.

*El personaje ingenuo, incauto receptor de elogios y de lo que eso puede acabar significando. El halagador obtuso o el cruel vividor retirado que gusta de recrear sus fantasías pasadas, presentes y ensoñaciones futuras incitando a otro(s) hacia el equilibrio en el abismo. El acertijo es ahora averiguar quién es quién y cuánto hay de cada uno de ellos en vuestro interior.

La película original aparece en 1945, dirigida por Albert Lewin. Dorian Gray (Hurd Hatfield) es un bello y acaudalado joven ingenuo y manipulable. Esta dosis de inocencia será lo que le aboque a la degradante espiral de miseria, desenfreno y depravación a la que el destino y la inconsciencia le terminan conduciendo. Basil Hallward (Lowell Gilmore) es el potencial responsable de alimentar de manera enfermiza la vanidad de Dorian mediante su pintura y Lord Henry Wotton (George Sanders) se convierte en el íncubo perturbador que materializa sus deplorables instintos por medio del joven y perfecto Gray. Sibyl Vane (Angela Landsbury) es la dama de un mundo diferente de la que Dorian se encapricha. La personificación de esas almas incautas e inocentes que se dejan embaucar por promesas vacías y falsas.

Apreciamos en el texto originario de Oscar Wilde y en la cinta de Lewin  las marcadas influencias del terror gótico, sus ambientes lóbregos, desgarradores y oscuridades anímicas basadas en incitar al personaje a un exponencial desequilibrio psicológico y ubicar al lector/espectador en una posición de incertidumbre constante. Queda pergeñada asimismo la noción del Fausto, encarnado primero en la tentación de Lord Wotton y sembrada en el alma influenciable del joven Gray hasta convertirse en una perversa y maligna sombra de si mismo.

Tomando como punto de partida el ideal de la eterna juventud, el texto se centra en el mito de Narciso, personificado en el envilecido y egocéntrico Dorian después de dejarse deslumbrar por las sibaritas narraciones de Lord Wotton. El artista Hallward retrata la belleza sin mácula de Gray, una candidez vital y espiritual que queda perfectamente manifiesta al principio en el extraordinario cuadro.

El culto a la imagen externa y la juventud perpetua son otros de los temas en los que se ahonda, estableciendo un claro paralelismo entre la búsqueda del placer ilimitado desdeñando las consecuencias o los efectos colaterales propios o ajenos y una corrupción moral creciente con cada acto que dejamos de considerar mínimamente reprobable. El hedonismo queda plasmado en el modo voyeur en que se posiciona Wotton tras sembrar la duda en el antaño ingenuo Dorian. Empieza a sentir que debe coleccionar experiencias, deshacerse de la incertidumbre, abrigarse con desdén, cinismo e indiferencia. Sin hacer demasiado caso a interpretaciones morales internas o externas.

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El gato egipcio

Cada acto vil y no atravesado por el tamiz de la conciencia va dejando una huella indeleble en el alma, personificada en la obra en la degeneración del retrato que, en un deseo inconsciente del protagonista enlazado con la brillante palabrería de Wotton, quedó vinculado a un gato, símbolo de dioses egipcios, que concede a Dorian el preciado deseo inculcado por Lord Henry. Su cuerpo no padecerá el paso del tiempo, pero con cada acto reprobable que cometa (y del que no se sienta en absoluto culpable) su desintegración moral se verá plasmada en ese ominoso cuadro que, oculto a las miradas externas, le recordará a cada momento el tipo de monstruo al que está abocado a convertirse.

La espiral de degradación parece no tener fin, igual que el vacío existencial del hombre contemporáneo, ávido consumidor de imágenes y superficialidad con tal de no pararse a pensar en la trascendencia de sus actos. Hasta que el individuo se siente acorralado, perdido o culpable y decide poner las cosas en su lugar purgando esa vida de dolor y vacuos excesos.

La figura y obra de Wilde merecen ser de nuevo actualidad por su incisivo retrato de sociedades y caracteres. Han de tomarse como válida referencia a modo de sutil parábola ética. Y no es la única llamada de atención a la integridad del individuo. Podríamos también establecer paralelismos con emisiones más actuales, pensemos por ejemplo en Black Mirror, que intentan abrir los ojos y la conciencia del hombre advirtiéndole del potencial peligro (entre otros) que podría conllevar el estar abocado de por vida al hedonismo y el vacío de conciencia imperante en el orden mental de la época.

Versión Dorian Gray 2015. Anteriormente en Contraescritura, 2012

*Ni os planteéis ver la versión moderna que se hizo de la película, porque muy mal.

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