Quiero aspirar a ser una It (girl) Person (2)

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Quiero ser una

Habíamos llegado a la conclusión mental de que  las iniciales IT girls carismáticas y refulgentes eran aquellas que no buscaban nada abiertamente. Su efectiva carta de presentación se basaba estrictamente en la concordancia y coherencia entre actos, discurso y encanto personal. Nos hallábamos entonces en la necesidad de recapitular y reorganizar unas descontroladas y revueltas preguntas que bullían en nuestro cerebro: ¿magnetismo = actuación coherente?, ¿qué es exactamente esa coherencia?, ¿quién puede ser mi modelo a seguir en esa búsqueda de la sencillez, encanto y aplomo?

Una de las imágenes más recurrentes es la de la dulce Audrey (Hepburn). Su aura de serena fragilidad desprende ‘eso’, la cualidad inimitable que va mucho más allá de la  belleza vacua. Por poco que conozcamos de su biografía sabemos que fue una mujer luchadora, independiente, tierna, generosa… Y con complejos e inseguridades. No entendía bien cómo los demás la veían hermosa, pensaba que su nariz y pies eran demasiado grandes, que estaba excesivamente delgada o que sus pechos eran pequeños. Igual que el resto de las presentes estas criaturas (que debieran ser inmortales) cargan igualmente con su fardo de visiones y pensamientos distorsionados.

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¿Qué te inspira esta mujer?

Sin embargo, la insigne Audrey, nunca temió envejecer (uno de los terrores de este maravilloso tiempo que vivimos: mantente joven, aparenta felicidad y esplendor porque si no estarás fuera) porque eso significaba disponer de más tiempo para si misma, para compartir con su familia y personas queridas y un alejamiento del frenesí y la locura mediática generados en torno al culto a la belleza. Ese tipo de rasgos de carácter, unidos a su grácil forma de actuar conforman el encanto de la persona, mucho más allá de su brillo como personaje público. Incluso nuestra inspiradora, la sempiterna Norma Jean se ubica en este canon del estilo etéreo, el de la inocente incomprensión a veces de la expectación generada por su persona. En su mirada igualmente se advertía en ocasiones un velo de melancólica tristeza ocasionada tal vez por el anhelo de quien se acercara a su interior para contemplar algo más allá de su llamativo físico. Ambas personas pueden y deberían ser un referente más allá de su icónico estilo.

En cuanto a las falsas figuritas it contemporáneas podríamos divisar su tránsito  efímero por una larga pasarela. Tan extensa o tan corta como le permitamos ser. En ella desfilarían con aparente paso firme mujeres como Blake Lively, Olivia Palermo, Alexa Chung, Carlota Cashiraghi, Irina Shayk, Emilia Clarke (observad la mención de mujeres de diferentes ámbitos)… Curiosamente, en todos los lugares en los que se habla de ellas únicamente se hace referencia a su clase, su estilo y capacidad de marcar tendencia en relación a su apariencia física, este es su punto en común. Y a veces aunque intentemos buscar, detrás de esa fachada de cartón no hay sino el vacío. Y también ese brillo esporádico es digno de lástima porque la necesidad de estar constantemente iluminado por el éxito y la fama puede ocultar en ocasiones la necesidad de mitigar fracasos y frustraciones personales. Algunas figurantes huecas podrían servirnos de guía, pero no. No nos gustan a la larga, no transmiten nada más allá de una belleza que termina volviéndose a veces siniestra.

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¿Se parecen a las personas con las que nos cruzamos?

Intentando buscar una It de la patria se asoma a mi mente Leonor Watling. Transmite serenidad, dulzura, profesionalidad, coherencia, elegancia, naturalidad y estilo propio paralelos al mundo de la farándula en que suele desenvolverse y en el que no necesita destacar para saberse importante, apreciada y querida. Incluso, alejada de los cánones modernos de la perfección, Antonia San Juan nos enseña que el humor es una pieza importante en el juego de la autoconstrucción. Una Girl desinhibida, ¿por qué no?, Lena Dunham nos muestra con desenfado que una buena foto, el menos es más en chapa y pintura, aderezado con una actitud feliz y espontánea es más que suficiente para sentirse como una It lady. Otro personaje algo más reciente, Artemis Pebdani  (Flo Packer (‘Cal-o-metric) en Masters of Sex, también nos dice que el magnetismo no es sólo cuestión de fachada sino de actitud. Con toda probabilidad, también encontraremos en nuestro entorno alguna persona estupenda, atractiva y real que nos pueda servir como modelo y referencia. Y seguramente no será perfecta, pero sí para nosotras/os porque sus cualidades eclipsan los posibles defectos.

Y aquí, en nuestro modo cuasiperpetuo de autoflagelación vital, somos incapaces de discernir y en ocasiones incluso de entender, cómo estas personalidades mágicas podían sentirse, lejos de los focos, igual de desvalidas e inseguras que cualquiera de nosotras. Pero ahora sabemos que eso es así. E incluso probablemente mucho peor para las nuevas minidivas de cartón carentes de un repertorio de conductas propio lejos de sus estilistas y demás séquito de asesores espirituales ¿No estarán intentando adquirir, en realidad, un antídoto contra la soledad y vacío interior?, ¿qué son estas damiselas una vez que la magia de alfombras y luces se ha esfumado? NADA, absolutamente nada ¿No nos ha surgido alguna vez la pregunta de: Por qué este tipo de personas, hombres y mujeres, de irreal brillo fracasan repetidamente en sucesivas relaciones amistosas o sentimentales? No podría asegurarlo a ciencia cierta, pero tal vez guarde relación con determinados rasgos de carácter, empatía o humildad poco o nada trabajados, así como la escasa capacidad de profundización en la relación con otros o el desconocimiento del poder de la introspección.

No todo se puede comprar con dinero. Autoestima, autoimagen o incluso una sonrisa dependen tanto de la percepción que tengamos de nosotros mismos como (en una pequeña parte) de lo que el espejo del exterior nos devuelve. Una campaña de productos de cuidado personal centró su publicidad en esta línea de potenciación de la autoestima. Un acierto consiste en estar destinada a las mujeres reales. Esas que son como tú y como yo. Inseguras, agradables, insoportables a veces, tiernas, salvajes, ocurrentes o impredecibles. Imperfectas en cualquier caso, pero ahí la clave, la asimetría de la belleza. Ayudar a desmontar los mitos e ideas irracionales para integrar la percepción de aquello de lo que no estamos muy satisfechas en el conjunto de la persona ¿Para qué querríamos ser perfectos/as? En ese caso no habría nada que compartir, nada que aprender de/con otros, nada de lo que lamentarse, ningún error que rectificar… Todo sería estéril y aséptico ¿Por qué nos cuesta tanto asumir, integrar y/o convivir con nuestras imperfecciones?, ¿Por qué ese temor atávico a ser ‘diferentes’, a no encajar?, ¿qué poder otorgamos al entorno al someternos a sus irracionales dictados?

Quiero ser una de ellas, ¿cómo? Podríamos fabricar nuestra propia IT person. Somos lo suficientemente hábiles como para no depender de una corte de domadores que nos indiquen qué o no hacer en cada momento. El estilo propio depende únicamente de sentirnos bien con nosotros/as mismos/as. Imaginemos ahora el proceso: casi con total seguridad tenemos alguna foto, incluso aquellos/as cuyas virtudes principales no incluyan la fotogenia, en la que nos vemos espectaculares, etéreos/as y radiantes. Creo que, a pesar de ser la felicidad no un estado perpetuo sino una colección de momentos, en determinados instantes todo el mundo brilla y esto se refleja en la actitud y la imagen.  Ese retrato en el que estamos tan bien ya representa el perfil físico de la esencia del IT. La cuestión de la actitud es tal vez ya un poco más elaborada. Ahí entran en juego factores como el riesgo, actuar según el propio código de conducta a sabiendas de que el espejo social puede devolvernos una imagen distante de la que esperamos, la capacidad empática, tener la habilidad de ponerse en el lugar del otro, o el desarrollo de una escucha activa, comprender lo que el otro pretende decirnos.

Y la capacidad más importante de todas, aceptarnos, querernos y perdonarnos sin llegar a caer en la condescendencia absoluta (buscando un cierto equilibrio) pero sin autocrítica (a veces muy dañina) perpetua ¿Por qué nos cuesta tanto enumerar virtudes y tan poco listar defectos? En el proceso de conversión en una It fabulosa, fantástica y maravillosa el secreto consiste en aceptar e integrar aquello que nos hace diferentes y convertirlo en el puntal de nuestra fortaleza. Por supuesto, es igualmente divertido y gratificante sentirse objeto de contemplación, experimentar con la imagen exterior y recrearse un poco en la confección de nuestro escaparate ideal, sin dejarnos una fortuna en el intento ni caer en el extremo de la vanidad superflua. No corremos ese riesgo porque nosotras no somos ellas, nos parecemos más a las otras. Somos brillantes IT Persons, sonreímos, nos sentimos pletóricas y nos vemos bien.

Acabo de caer en la cuenta de que… Hummm ¿existirán los It boys? Algo me dice que sí. Los buscaré hasta debajo de las piedras si es preciso, y los traeré hasta aquí aunque sea a rastras. ¿Daremos con ellos? ¿Serán iguales que ellas?

Anycka HC 2013 en Norma Jean.

Versión 2015 para Diván Inquieto.

@anycka7

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