Cómo ser mujer ¿Y tú, lo eres?

CÓMO SER MUJER

Este libro del Book Club nos ha epatado hasta el infinito. Al comenzar la lectura esperábamos encontrar ese bombazo que la propaganda de la portada prometía.
Risas hubo algunas, sí. Diversión depende de cómo se mire, pero no tanta como prometía. En cuanto a contribuir a la confianza en sí mismas de las mujeres, más de lo mismo, esperemos no tener que basar nuestra autoestima y autoconfianza en los postulados de esta especie de manual irreverente para la mujer moderna y desprejuiciada porque si es así sólo servirá para aquellas que tengan una ocupación muy cool. U otras con pasado triste e incierto cuya esperanza radique en conseguir entrar en los círculos de la modernidad y/o pseudoprogresía por un golpe de suerte (en el caso de la señora Moran fue ascender peldaños en la senda de lo indie después de su entrada en Melody Maker).

Yo me pregunté después de este inicial maremágnum:

– ¿Caitlin, qué me estás contando?

¿Y vosotras/os qué pensasteis hasta ese momento?

Por de pronto una de las primeras ideas que me ronda la cabeza es el recurrente viaje al pasado con la fábula moralizante de ‘si has tenido una infancia complicada y eres a pesar de ello medianamente brillante conseguirás sortear todos los escollos del camino hasta triunfar, o al menos llevar una vida relativamente acomodada’ ¿lo que se supone una aspiración máxima? El contexto familiar influye en la formación del carácter, la personalidad y la manera de desenvolvernos en la vida, sin duda, pero no aprender a desprenderse de lo doloroso o asumirlo e integrarlo en el devenir vital son lastres innecesarios.

La segunda cuestión que rastreo es la del patriarcado, machismo y feminismo. Aquí me surge la duda de cuántas veces se utilizan estos términos a modo de comodín para perpetuar, excusar u ocultar comportamientos o acciones inadecuados ¿en qué punto, directo o velado, comportamientos tipificados como machistas se diferencian de la mera falta de educación y en qué medida hay mujeres que, con sus acciones, actitudes, risas o palabras ayudan a perpetuarlo?

Hace referencia el patriarcado a una distribución desigual de poder entre hombres y mujeres en la cual el varón tendría preeminencia en uno o varios aspectos: determinación de las líneas de descendencia, autonomía personal en las relaciones sociales, participación en el espacio público o la atribución de estatus a las distintas ocupaciones de hombres y mujeres determinadas por la división sexual del trabajo. Hasta ahora cosas negadas a la mayoría de las mujeres porque ‘su trabajo tenía que ser cuidar de su hombre y de sus dominios’ (y pobre de aquella que por devoción o mala suerte no estuviera emparejada a cierta edad destinada para ello, se convertiría ipso facto en una fresca o se quedaría para vestir santos. En el caso similar en el hombre no sería tan problemático).

En relación a esto, el movimiento feminista, al menos en su aspiración inicial, busca acabar con la hegemonía de poder de unos frente a otras y poder decir de tal modo que la sociedad es verdaderamente democrática. Añadiría: igualitaria, complementaria y justa en vez de competitiva y egoísta.

En cuanto al machismo, no es tanto un movimiento como una (definición) actitud de prepotencia de los hombres respecto a las mujeres. Aquí podríamos añadir también que a veces estos comportamientos están consentidos y perpetuados por algunas féminas que los encuentran graciosos e inocuos cuando no les tocan de cerca o se someten a ellos como algo inevitable. Ninguna de estas dos actitudes es adecuada, una por injusta y otra por victimista. Repetimos: cuestión de actitud, no una evidencia (y no siempre en manos y bocas de los hombres). Es una barrera defensiva basada en el ninguneo de las oponentes que perpetúa en ocasiones el reinado de la mediocridad. Y digo esto en el sentido de que pisar a otro/a(s) para que no puedan levantarse es de personalidades mediocres, ruines e ignorantes.

A continuación una pequeña duda sobre la doble moral:

Por ejemplo:

Un hombre dice: ‘Qué tía más fea’. Es tachado de insensible, capullo, asqueroso… Una mujer dice: ‘Qué tío más feo’ ¿por qué en este caso eso sólo es una gracia?  (jiji, jaja, jo tía, qué mala eres). Mismo hecho en boca de unos y otras. Está igual de mal en ambos casos ¿o no? Falta de educación (o crueldad llevado a ciertos extremos).
Ahora, sin más dilación, pasemos a desgranar un poco más algunas de las cosas más impactantes del libro. No perdáis detalle y contradecidme, ampliad la línea argumental con nuevas ideas o cualquier cosa que se haya podido pasar por alto.

Una de las preguntas que me surgió en distintos momentos de la lectura fue la siguiente:

Girl
Watching

¿Cómo nos vemos a nosotras mismas?

No sabría explicar bien de dónde surgió ese pensamiento. En ocasiones me vino a la mente cuando Moran hablaba de su día a día. Una familia extensa hacinada en un espacio diminuto, sus enfrentamientos con Caz o la extraña inseguridad a la que un noviete insulso y estúpido puede conducirnos y aceptamos por el terror a la soledad o a salirnos de los cánones establecidos.

En otro momento se me ocurrió pensar en por qué a veces nos autoflagelamos sin piedad vinculándonos sentimentalmente a personas mediocres, estúpidas y aprovechadas únicamente por no sentir el vacío de la soledad. Ahí doña Caitlin no fue diferente. Desde su trabajo molón como chica multifunción en revista musical se colgó de un muchachito artista que algunas noches calentaba su lecho. Y que no la quería, por supuesto ¿cuántas veces nos hemos visto en éstas? Alguna que otra, ¿a que sí? Entonces entramos en el bucle de:

Soledad ⇔ Novios/Rolletes (equivocados) ⇔ Autoestima (baja o directamente perdida) ⇔ Soledad (anímica).

Conclusión: mejor  sola/o que mal acompañada/o.

Poco a poco, la señora Moran nos va dejando ver su personalidad intrépida, inconformista e investigadora. Cuando algo le interesa bucea en las máximas fuentes posibles, así introduce a una de las voces más importantes del feminismo del siglo XX, Germaine Greer, autora de obras como La mujer eunuco, en la que expone que el hecho de haber separado a la mujer de la administración de su propia sexualidad ha supuesto la castración psíquica de las mujeres y, por tanto, la cesión de su voluntad a todo aquel que quiera manejarlas. Y eso no debiera ser así. Para ello insta a las señoras a probar su sangre menstrual como rito iniciático y abandonar el celibato y la monogamia. Estos comportamientos estaban absolutamente tipificados y permitidos en el sector masculino, ¿no?, ¿por qué no empezar a practicar también? Llevándolo hasta el límite que cada una estime como suficientemente liberador, genial.

¿Lo de probar la sangre menstrual es condición indispensable o se es menos feminista por no hacer tal cosa? En fin, esa fue, llegado ese momento en la lectura, una gran duda existencial.

Resumiendo: probar a hacer de tío (otra duda: ¿ellos también tienen como rito iniciático de masculinidad probar su propio semen?)

¿Con qué podríamos estar de acuerdo?

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Capítulo 6: ‘Soy gorda’

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Si la dejadez en la imagen personal se relaciona con el (poco) amor propio, puede haber un problema

La adolescente Caitlin se descubre a si misma como la ‘gordi’ del instituto tras una confesión de su camarada/objeto de amor, Matt. Y se estrella de bruces con la realidad al plantearse casi por primera vez la desproporción irracional que se desprende de la relación 16 años/16 libras.

Pensamientos y evidencias: Una cosa es no sucumbir a la presión social del reinado de la superficialidad fabricando esperpentos esqueléticos e insanos y otra muy distinta incurrir en la dejadez absoluta y descuidar autoestima y salud física viéndose como un ‘contenedor de comida’.

¿Os habéis sentido alguna vez presionadas, de manera positiva o negativa en vuestro entorno próximo, en relación a esta cuestión de la imagen física?

Voy a decir algo que puede sonar un poco extraño o retorcido pero que es cierto: a veces en las relaciones madres-hijas se manifiestan rivalidades veladas en torno a esta cuestión, la madre ‘agrede’ a la hija con continuas alusiones a la imagen corporal.*

 *Hablaremos en otra ocasión de la extraña (por etapas) relación madre-hija.

Capítulo 11: ‘Descubro la moda’

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Lo quiero todo y lo quiero ya

De nuevo hay una amplia separación entre la seguridad que te aporta poder estrenar una prenda, la calidad y originalidad de la misma y la sensación plomiza que conlleva el vestir sistemáticamente prendas heredadas. La relación volumen de prendas y autoestima a veces es extraña e irreal. Ahí debiéramos hacer caso a los expertos en moda y complementos y elaborar con mimo eso que se llama, y a veces no entendemos, el ‘fondo de armario’. Esas prendas básicas que pueden servir de comodín para crear nuestros outfits. Esas cosas a las que no hacemos caso y terminamos por abarrotar armarios y cajones de prendas inútiles con las que no sabemos que hacer y rara vez o nunca nos ponemos. Sobre los precios, por el momento ni hablamos.

Me gusta descubrir que Moran es una persona bastante austera en lo relativo al acúmulo de prendas. Sin embargo acabamos viendo que en una breve etapa sucumbe al ‘mujerismo descerebrado’ y se trastorna con la cuestión de las combinaciones de prendas, el ‘esto pega con…’ y los complementos. Ese pequeño placer y gran horror al tiempo. También cae presa del extraño magnetismo de los objetos caros, ensoñación de la que despierta cuando pierde uno de esos objetos.

¡Bofetón de realidad!

¿Os ha pasado alguna de estas cosas?

A mi sí, inducida a ello. Aunque soy un poco especialita y es raro que vea prendas o cosas que me gusten. Mis incursiones en tiendas son en modo sprint, me guío por un vistazo rápido a los percheros, si hay algo de color probablemente sea la propia prenda quien me envíe señales. Entonces voy hacia ella, si no… A otro lugar. Mi relación con la actividad ‘ir de compras’ es de amor/odio. Con los complementos, la misma canción. Un ejemplo: sólo me gustan los bolsos pequeños, ¿podéis imaginar la pesadilla que esto supone cuando la ‘tendencia’ son los maxibolsos? Los maravillosos dictados de la moda. Eso si, hay algún atuendo con el que me siento una minidiva. Y esa sensación es espectactular. Tendremos nuestro momento minidiva/o en ese instante en el que se conjugan seguridad y atavío. Y lo sabemos, todos hemos experimentado alguna vez esa sensación.
Y ellos parece ser que lo tienen más fácil a la hora de enfrentarse al mundoatuendo, expedición esporádica de ‘me llevo eso, eso y eso’ vs delegar en la madre o consorte. Pero eso es otra guerra, ahora no, que nos queda mucho aún. Pero, ojo, parece que también empiezan a ser presas de mensajes subliminales y están comenzando a sucumbir a la tiranía.

Resumen: cuando moda es placer = bien. Cuando moda es agobio = mal.

AMOR, BODAS Y BODORRIOS

Capítulo 8: ‘Estoy enamorada’

Nos alegramos, Caitlin, más aún después de tu infancia semiatormentada por haber vivido en una familia proletaria de escasos recursos, después de ser una adolescente obesa y haberte dado cuenta de que tu imagen física, tu salud y tu autoestima agradecerían que pusieras remedio a esta situación. También estamos contentas/os por que lo hayas encontrado y  por la felicidad de la compañía y el calor del primer amor. Nos apena mucho que no fuera lo que esperabas, aunque hayas tenido una pequeña satisfacción por la venganza. También nos fascina que te consiguieses liberar del noviete fantasma que horada la confianza ninguneando a la pareja. Y nos apena que hayas conocido de primera mano la soledad de la compañía inadecuada.
Eso se llama vida y primeras relaciones ensayo/error en las que vamos configurando nuestros límites de tolerancia.

¿Sí o no?

Capítulo 10: ‘Me caso’

Bieeeen! De nuevo nos congratulamos, o algo, señora Moran, de que su hermana odie las bodas y de que, a pesar de ello, se haya convertido en una profesional del bodorrio.

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Ceremoñas

Yo aquí me hice una pregunta: si no te gustan las bodas, ¿por qué vas?
Ese tipo de cosas escapan a mi comprensión. Sin embargo este ha sido uno de mis capítulos favoritos. La señora lo describe como una sucesión de despropósitos, chapuzas, malentendidos y dramas varios. Estoy totalmente de acuerdo en que este tipo de celebraciones son un escaparate para el lucimiento, eventos de crowdfunding, negocios en los que, al parecer, se recauda bastante más de lo que se gasta y el novio suele tener poca o nula decisión y participación en los preparativos de las princesitas, eso es muy racional y equitativo (¿y muy feminista o femenino o qué se yo qué?). Pero es algo que hay que hacer para estar normalmente incluido y/o aceptado en el orden social normal, porque si no, ‘a lo mejor se te pasa el arroz o algo’. Y eso sí que sería una desgracia, ¿o no? (total, si las cosas van mal, después con un buen divorciorrio con los eximentes de que ‘yo era joven, imprudente, inexperta e inconsciente’ todo arreglado, ¿verdad?)

¿Dónde queda el amor?

¿De verdad es necesario convencer a tantos ‘amigos’ de que el mejor día de nuestra vida ha llegado y es ESE? Así que si este es el mejor día, un día de aturulle, locura y descontroles varios, ¿qué viene después, la decadencia?
Comparto el horror y esperpento de eso en lo que se han convertido las despedidas de soltera. No entiendo lo de las diademas de pollas o cualquier otra variante. Ahí me surgen nuevas preguntas: ¿no follabais antes?, ¿no habíais visto o tocado una picha?, ¿o es algún tipo de rito iniciático?

Pero bueno, vosotras diréis. Lo mismo es que yo estoy reprimida, o celosa, o a saber qué.

Y sobre lo de juntar a toda esa gente a la que quieres pero con la que mantienes una extravagante relación de ‘te adoro pero también te detesto’. En fin, aquí no hay mucho que comentar. Podríamos decir que apoyamos la moción.  También de acuerdo con la señora Moran en que a lo mejor no es tan buena idea al fin y al cabo.

Duda:  ¿en las bodas qué se celebra (en realidad) el amor, la vanidad o el poderío (real o aparente)? Aún no lo entiendo.

¿Explicación por favor?

LAS MUJERES Y LO QUE HACEN

Capítulo 9: ‘Voy a un Striptease’

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¿Siempre es algo sórdido o sólo hay glamour si te apellidas Von Teese?

La señora Moran parece plantearse que este tipo de lugares ya no son tugurios sórdidos a los que van desahuciados anímicos sino que se han convertido en una alternativa de ocio más. Se sorprende un poco por la decoración abigarrada del lugar, la tranquilidad y la falta de culpabilidad de los clientes, ¿culpabilidad? Acuden a un espectáculo, no es mucho más, ¿por qué sentirse culpable? Sorprende un poco, dada la flexibilidad y laxitud moral que esta mujer tiene para según qué cosas, el escándalo que a su alma pura le provoca la contemplación de la escena. La verdad es que me cuesta entender el hecho de que por que una mujer gane su salario (fácil, eso tal vez según en qué casos) exhibiendo su cuerpo se interprete que es una víctima de algo porque tal vez no siempre sea así. Imaginamos que las trabajadoras del lugar son personas que lo hacen voluntariamente y, oh sorpresa, la escritora descubre que son mujeres normales que conversan con ellas de los mismos chismes

¿Puede acabar ya la compasión moralista?

Beberse hasta la última gota de lo que tengamos entre manos no es reprobable, las borracheras son ‘normales’, son un mal recurrente e ineludible. Pero acudir o trabajar en un club de striptease es lo peor ¿cuál es la vara de medida, señora?
Por no hablar del hecho de que, al parecer, si no tienes un trabajo guay como ser periodista, artista o famoso intelectualoide, no existes. Si trabajas en un establecimiento de comida rápida, en un kiosco, en un supermercado u otra labor socialmente no considerada cool, la mente no está orientada al pensamiento, estás desprovista de la capacidad de adquirir conocimientos o cultura. Pues no, señora Caitlin, no estamos de acuerdo (algunos/as al menos) de ninguna manera. El empleo del tiempo libre es tanto o más relevante que la ocupación habitual que desempeñemos.

Capítulo 14: ‘Modelos a seguir y lo que hacemos’

Caídas y ascensos de iconos femeninos. Esto es un fenómeno llamativo. Ahora ya no somos sólo lo que aprendemos en casa, o en la escuela. Tenemos varios maestros nuevos más: internet, televisión y revistas. Consciente e inconscientemente todos estos emisores de información van modelando comportamientos y conductas. Y no podemos escapar de ellos. Los famosos, sus comportamientos, su cultura, su coherencia, o falta de ella, son los espejos en los que miramos para modelar actitudes, creencias y actos. Por ello, calificar personas o publicaciones como feministas está en tela de juicio si no hay comportamientos solventes que lo ratifiquen. Y aunque los haya, en ocasiones se tergiversan, así que la distorsión está servida.
Moran entrevista a Katie Price ejemplificando este entramado de cartón del que hablamos antes.

La artista se autopresenta como una mujer de éxito, de esas personas ‘hechas a sí mismas’. Pero esta construcción de la personalidad no está basada en el trabajo constante o en la voluntad de superación. Su estrategia está montada en la compraventa de su vida personal y en su trayectoria de relaciones con personajes influyentes (y solventes), en la banalidad y la propaganda indirecta de que los intereses de las damas no van mucho más allá del tener y ser ellas mismas codiciados complementos, además de ser, fuera de los focos, una persona estúpida y egocéntrica ¿feminista porque es independiente sólo económicamente? No compramos, gracias. Parece ciencia ficción que pueda siquiera existir una personalidad famosa con algo interesante que aportar, con pensamientos propios y revolucionarios. Pero las hay, vivas y/o ya desaparecidas.

¿Alguien que mencione alguna? (¿Recordáis a las It Girls?).

Clara Bow
Clara Bow. Ay! Con lo que ellas fueron y en qué mutaron.

El despropósito final que, a mi juicio, concatenó Moran es su relato en modo ‘mira tía, jo tía, conozco a una famosa y me voy de juerga con ella mirad qué guay soy’ sobre su fiesta semiprivada con Lady Gaga y cómo ésta tiraba su capa de la lechemil dólares y su asistente la recogía con sumo cuidado ¿Esto es una de las bases del nuevo feminismo? Alternar con el famoseo y aprender nuevas modalidades de correrse juergas. Y relatarlas después para la plebe. Y dar a entender que ‘yo soy muy normal y muy igual que vosotras, chicas que compráis en Zaras y Primarks, yo también lo hago, aunque tenga amistades famosísimas porque, de pequeña, heredaba hasta las bragas usadas de mi madre’

Gaga parece estupendísima por ser la patrona de los/as freaks. Esto es fabuloso, siempre y cuando se aúnen palabras con actos. Vamos a presuponerle a esta mujer la capacidad, ojalá imitable, de haber hecho de su debilidad una de sus mayores fortalezas y haber conseguido estar en boca de muchos.

Aunque con este tema me empieza a hervir la sangre y a calentárseme la boca un poco ¿por qué? En pocas palabras, freak (ahora) parece ser quien está inmerso en el universo del pc y la tecnología, tanto a nivel lúdico como de conocimientos, alguien que lee y desarrolla ideas propias y líneas de pensamiento a veces ‘extrañas’ por discordantes con lo habitual. Frente a esto se halla lo ‘normal’ (que coexiste con y es sinónimo de lo vulgar, mediocre e incluso mezquino a veces) de aquellos/as que simplemente se limitan a seguir la corriente y ser voyeurs de su propia vida, de la de otros y a veces destrozarla con calumnias y villanías  como mero pasatiempo porque no están dispuestos/as a hacer esfuerzos.

Después de toda esta perorata podemos dar por concluida la sesión y comenzar el debate. Todos los temas que ha planteado el libro pueden dar bastante juego ¿Qué pensáis al respecto de lo que se ha comentado (y de otras cosas que se habrán quedado en el camino)?

¿Seré yo (o seremos algunas) sólo mujer(es) ‘a medias’?

Anycka HC en Diván Inquieto, 2014

@anycka7 para Norma Jean Book Club (perdido en el trastero)

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