¿Hay que reconstruir a la mujer (im)perfecta?

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Cómo ser mujer (y no reconocerse en ese espejo)

En estos anodinos tiempos en los que las féminas y algunos hombres buenos intentan crear un corrillo en el que expresarse con libertad, en voz alta e igualdad de condiciones. La presión social, dicen por ahí, la dictadura de la moda, la imagen, los medios, el afán de poder y acúmulo de posesiones varias generan una constante incertidumbre que lleva a los individuos, y especialmente a la mujer, a cuestionarse su papel en la sociedad y su identidad, a la par que pergeñar planes que las conduzcan a un lugar de igualdad respecto al patriarcado. Éste sistema se basa… en la preeminencia masculina en aspectos tales como la participación en el espacio público o la atribución de estatus a las distintas ocupaciones de hombres y mujeres determinadas por la división sexual del trabajo.

By Peach09 en deviantart
By Peach09 en deviantart

En relación a esto, el movimiento feminista, al menos en su aspiración inicial, busca acabar con la hegemonía de poder de unos frente a otras y poder decir de tal modo que la sociedad es verdaderamente democrática. Añadiría: igualitaria, complementaria y justa en vez de competitiva y egoísta, ¿Feminismo es la búsqueda de la igualdad? Sí, compramos (pero a lo mejor no otras enrevesadas acepciones con las que nos cruzamos a veces: por ejemplo si un chico te invita a tomar un café ya hay quien lo interpreta como un acoso velado, si te dicen que estás guapa (depende del cómo, claro), muerte a los piropos. Por favor, ¿se nos estará yendo un poco de las manos la cuestión?). Intentemos dejar el modo defensivo perpetuo a un lado y miremos hacia la atalaya de la normalidad. Dependerá, en tal caso, del modo y/o la actitud, ¿no creéis?

En cuanto al machismo, no es un movimiento sino una actitud de prepotencia de los hombres respecto a las mujeres. Aquí podríamos añadir también que a veces estos comportamientos están consentidos y perpetuados por algunas personas que los encuentran graciosos e inocuos cuando no les tocan de cerca o se someten a ellos como algo inevitable. Ninguna de estas dos actitudes es adecuada, una por injusta y otra por victimista. Repetimos, es una cuestión de actitud, no una evidencia. Es una barrera defensiva basada en el ninguneo de las oponentes que perpetua en ocasiones el reinado de la mediocridad. Y digo esto en el sentido de que pisar a otro/a(s) para que no puedan levantarse es de personalidades mediocres, ruines e ignorantes.

Pero en fin, que nadie se preocupe porque ante nosotros/as aparece la señora Caitlin Moran con su Cómo ser mujer para hacer un retrato de lo que ‘se supone’ es o habría de ser hoy en día el feminismo. Podríamos estar de acuerdo con algunas partes y en desacuerdo con muchas otras. Comentaremos algunas de ellas, no sin antes decir que un hecho tiene al menos dos interpretaciones. Aun así, hay fragmentos, e ideas, que nos han llamado la atención.

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Melody Maker, november 88

Estamos de acuerdo con que la señora Moran es una mujer ilustrada, conocedora de las fuentes y muy creativa para relacionarlas con lo cotidiano. Repugna un poco pensar que indirectamente se indica que no se puede ser una mujer cool a menos que se tenga una ocupación bien considerada o alternativa. Ella consigue su primer trabajo, siendo una adolescente en Melody Maker, una revista musical. Nos cuenta con emoción el día a día en su entorno freak. He aquí la ocupación alternativa de la cual una puede sentirse orgullosa. Que vivan las etiquetas. Si tienes un empleo socialmente vergonzante: un supermercado, un club de striptease, comida rápida o similar, no tan guays, mejor no lo digas, en esos casos tal vez no puedas autodenominarte feminista, ya que ¿es probable que dediques tu tiempo libre a actividades banales muy distantes de la cultura, la igualdad de las mujeres o el pensamiento? Si no eres, como mínimo, un poco ¿intelectual?, ¿curiosa?, ¿empática? a lo mejor no haces nada destacable cuando llegas a casa. En nada de acuerdo con esto. No hay manera, al parecer, de llegar a la conclusión de que lo importante es en qué se emplea el tiempo libre. Por otra parte se nos relata que ella pasó ratos de su infancia y adolescencia en compañía de programas de televisión a veces insulsos (eh, mirad, yo también sé como integrarme en lo que se considera normal) a la par que de los libros y la música, bien, ojalá todas las personas fuesen tan versátiles, señora.

Sus mujeres influyentes

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Dorothy Parker

Dorothy Parker es, allá por los años 20, en las tertulias del Algonquin neoyorquino, la primera mujer divertida que encaja en un grupo de hombres: Robert Benchley, Robert E. Sherwood y Alexander Woollcott, dandies con máquina de escribir, bebedores de cócteles, mordaces e irónicos.

Sylvia Plath también despierta su interés, una de las pocas mujeres que escribe tan bien como un hombre. Janis Joplin o Bessie Smith siguen el mismo patrón. Las mujeres brillantes, pioneras que destacan por su adaptación al entorno predominantemente masculino acaban sucumbiendo a la presión y la tristeza, sin una mentora que las apoye y anime y agotadas por la justificación perpetua y esto las conduce a acabar prematuramente con su vida. La correlación mujer independiente/felicidad relativa no parece muy elevada.

Hasta los años 80 no aparecen más muestras de mentes divertidas entre el repertorio de féminas. Dawn French y Jennifer Saunders o Victoria Wood, cómicas británicas, vuelven a mostrar que las chicas pueden ser mordaces.

Aparte de la habitual y parcial relación amor/odio con su hermana Caz (siempre es interesante tener relaciones satisfactorias y aliados entre la familia), la autora tiene siempre presente la figura de Germaine Greer, abanderada del feminismo asociado a la controversia desde la aparición de La mujer eunuco a la que rememora pronunciando en televisión las palabras liberación y feminismo con naturalidad, desprovistas de sarcasmo o doble sentido. Y con gran dosis de contenido detrás. Y curiosamente en la actualidad sigue viva, es decir, no ha sucumbido a la presión de saberse diferente (¿podrá romperse la maldición de mujer brillante, vida infeliz?).

Aciertos

mujer hartita Leave me alone, vía Photopin
Leave me alone, vía Photopin

Moran nos relata, desde su experiencia, la frustrante escena de verse inmersa en una relación abocada al fracaso desde su comienzo, una de esas historias para mitigar la soledad en la que un extraño compañero de cama te hace sentir pequeña, invisible, inmerecedora de amor y mucho más sola que cuando todo comenzó y la satisfacción posterior al zanjar esa relación tóxica y sentirse un poco más fuerte. Realiza también un incisivo y semiexhaustivo análisis sobre el fenómeno de las bodas y su extraña relación con la fantasía de ‘será el mejor día de tu vida’ ¿Si ese va a ser el mejor, qué pasa con el resto? La cuestión del crowdfunding, lo que resulta ser finalmente o el inexistente papel del novio en la preparación del evento ¿Dónde queda el amor? ¿Qué se perdió por el camino? Del mismo modo describe el fenómeno de la maternidad como algo fascinante y terrorífico al tiempo, ilustra de un modo entretenido la pesadilla de combinar ropa y complementos en etapas transitorias de fashion victim o desmonta mitos esperpénticos sobre mujeres, como a la televisiva Katie Price, presentadas como independientes, ‘pseudomodelos’ de feminismo, hechas a si mismas, sin contenido alguno detrás del armazón insostenible. Junto a esto en cambio, Lady Gaga dice ser feminista porque ‘creo en los derechos de la mujer y en que hay que defender lo que somos hasta la médula’ ¿hasta que punto no utiliza su estética alternativa como montaje en vez de por defensa de ciertas minorías?

Despropósitos

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Depilación vintage, vía Photopin

Temas como la depilación corporal, la herencia de ropa materna o el primer sujetador no son tan trascendentes como para dedicarles capítulos independientes, a menos que sea para mostrarnos poco más que el hecho de que casi todas las mujeres pasamos por las mismas dudas e incertidumbres respecto a nuestra imagen corporal.

‘Soy amiga de Lady Gaga’, icono de la normalidad y lo freak con capa de diez mil libras que la asistente recoge del suelo en un tugurio decorado con artilugios para follar. Si, muy normal y habitual todo ello, estamos más que cansadas de hacer cosas así cada día… Y curioso dado que, en su visita al club de striptease, Caitlin Moran veía a las strippers como víctimas de los hombres que acuden a contemplar sus contoneos ¿por qué víctimas? (sí en algunos casos cierto, víctimas de personajes que las explotan. Pero, ¿en todos?). También es ‘normal’ y tal vez loable según su rasero, beber hasta la última gota, sin embargo, en el mundo real se recomienda el alcohol con moderación e incluso a veces se convierte en un problema. Pero no pasa nada, el estado etílico es fascinante.

Por este tipo de revelaciones a veces incongruentes y accesorias, cuesta entender, más allá del mero fenómeno publicitario, cómo se habla de que ‘este libro es un bombazo’, que ‘el feminismo es demasiado importante para que se lo dejemos a los académicos’. Una serie de calificativos que nos han dejado a veces con la boca abierta. Una o dos cosas son ciertas: Caitlin es una mujer inteligente y hábil para relacionar conceptos, incluso una humorista bastante graciosa. Con todo, la lectura de la obra no siempre ha sido frustrante, a veces consigue esbozar una sonrisa. Pero aun así, no convence. Me gustaría saber si los/as que la hayan leído confirman o desmienten. Desde luego yo no me adscribo a cómo se transmite esta idea ni a esta visión en líneas generales.

 Anycka HC , @anycka7,  en Diván Inquieto

Algo que quedó guardado en el desván (2013)

Esto fue parte del Norma Jean Book Club del verano de 2013

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2 comentarios sobre “¿Hay que reconstruir a la mujer (im)perfecta?

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