Ayer

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Ayer fue uno de esos días especialmente difíciles. Uno de esos momentos que ninguno querríamos que llegasen porque, aunque a veces sepamos que para alguien supone el final del sufrimiento, del dolor o de ambos, es el punto en el que ya no hay retorno.

Por eso a lo mejor está bien un poco de introspección general. No es tiempo de autoflagelaciones, ni de recordar escenas escabrosas o traumáticas, ya no (y antes tampoco, la técnica del trapo sucio es asquerosa, cuando no se tienen argumentos o evidencias actualizadas en un conflicto y se recurre a la arqueología de las miserias se acaba llegando a extremos bastante lamentables). Sí sirven para que quien pueda aprenda algo de ellas, por ejemplo que no se repitan en el futuro con asiduidad. A partir de ahí lo más reparador es la recreación de las mejores horas, las anécdotas, alguna conversación destacable y las risas, sobre todo eso. Porque me resisto a pensar que quien se fue no querría ser recordado en su variante más luminosa, la suya propia, y cualquiera que haya compartido con nosotros. Id pensando en acabar con las lágrimas. Nuestra vida debe continuar y estaría bien tratar de centrarnos en construir una versión mejorada y renovada de nosotros mismos. ¿Cómo? Aprendiendo un poco para no cometer los mismos errores. Estos dos últimos días algo conté sobre ello (tuits)  

Se me ocurrió en esta particular revisión que una buena manera de empezar y seguir podría ser la siguiente (y es en la que me hallo ahora): fase I

Explorad en la memoria hasta encontrar un o el momento agradable en común vivido con esa persona (aunque hayan sido escasos, siempre se podrá encontrar alguno) e intentad recordar alguna cualidad, vinculad a esa persona con una palabra cariñosa o tierna y visualizadla. Dedicad, si lo necesitáis, un pequeño momento al ajuste de cuentas amable con la mejor versión de él/ella que podáis recordar y, una vez hecho, cerrad el compartimento y deshaceos de la llave. A partir de ahora cuando nos venga a la mente que sea sólo con el término achuchable vinculante.  

Ahora pasemos a la fase II

¿Somos capaces de recordar qué le gustaba a esa persona? Sí/No

En este momento da igual que no lo recordemos, porque el motivo subyacente a esta pregunta no es endiosar ahora a quien nos dejó sino empezar a pensar en qué tipo de relación tenemos con aquellos a quienes queremos en nuestra vida e imaginar qué podemos hacer para que se sientan importantes, queridos y valorados (y, por supuesto, que todo ello con nosotros se haga igual, no hablamos de ser mártires de ninguna causa).

¿Por qué no nos dedicamos a intentar construir/mejorar las relaciones con los que todavía tenemos a nuestro lado?

-¿Hay alguna rencilla pendiente que se va dejando pasar y está formando poso de dolor e incomodidad?

El remedio es fácil (y difícil al tiempo, porque requiere una dosis de valentía digna de superhéroe), no es un superpoder (aunque en parte sí) y tiene pocas letras: pedir (y/o que te pidan) perdón

Pero, ojo, de poco sirve hacer eso si no hay propósito de enmienda: morderse la lengua a veces, tratar a todos como iguales, escuchar, procesar e intentar entender lo que los demás tengan que decir son principios básicos si no queremos caer de nuevo en los días del futuro pasado.

También es de agradecer un mimo: una palabra, un gesto o un abrazo sincero* (si no es así mejor no hacerlo) tienen propiedades balsámicas.

-No hagáis que nadie se sienta inferior o ninguneado, tratad a los demás con cortesía o neutralidad y respeto.

-¿Sabemos qué le(s) gusta a las personas de nuestro entorno?

Averiguad alguna cosa, y en base al hallazgo, estableced lugares comunes y pequeños vínculos con estas personas. Siempre es bonito que alguien deje caer, de casualidad, un comentario sobre ese algo que te gusta, el significado que no se suele ver (pero no por ello está oculto), es que somos importantes en nuestro entorno y se nos tiene en consideración.

Evitad a toda costa la crueldad no utilicéis la excusa de un pasado tormentoso o difícil para justificar la mezquindad.

Aunque no todo el mundo sea de nuestro agrado, la crueldad nunca tiene justificación. Si no se puede ser agradable con alguien simplemente neutralidad. La maldad como válvula de escape y desahogo de nuestras frustraciones personales es algo muy rastrero.

Observad en silencio y no baséis una opinión ni un juicio únicamente en función de cómo os traten a vosotros ni tampoco por seguir la corriente de lo que hagan los demás sino en función de parámetros como justicia, ecuanimidad o discreción con todos en general.

-Antes de actuar y decir algo sin pensar, miraos un poco y reflexionad sobre cómo os sentaría a vosotros (sin subjetividades) que alguien os dijese/hiciese algo como lo que estáis a punto de… La cortesía básica puede evitar daños innecesarios.

*Personalmente me fío más de alguien que no ofrece un despliegue de cocodrilo de abrazos, besos y sonrisas artificiales porque, cuando lo hace es mucho más real y cálido.

** Ni que decir tiene que todas estas cosas aplican con los que están aquí, como ejercicio de autoconocimiento, autoanálisis y condescendencia para con nosotros y con ellos.

Esto es parte de lo que he aprendido en estos últimos días. También que, a veces, me gustaría sentirme un poco importante y otras pasar totalmente desapercibida. Ahora toca seguir con los proyectos pendientes.

Anycka HC, en Diván Inquieto, 13/9/2015

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *