Intertextualizando a Truffaut (V) Baisers Volés (II)

Lo efímero, lo fantaseado, lo real y la estabilidad

 

Al final todos tratamos de buscar, en mayor o menor medida, el afecto, amor y/o admiración por parte de otros. O al menos por parte de una sola persona, aquella que consideramos especial y vemos como potencial compañera de nuestro futuro devenir vital. Aun así, imaginamos lo que dejamos ahí afuera. Romances furtivos, en apariencia fantásticos, que se visualizan como la solución al tedio y la monotonía. La consciencia nos asegura que no es así, pero algo nos arrastra inexorablemente hacia lo desconocido bien para darnos de bruces con la realidad al descubrir que, en efecto, ‘la cosa no era para tanto’ o para indicarnos que debemos hacer modificaciones en nuestra vida y en el modo de conducir las relaciones.

La tentación acecha. Esa sirena impávida y silenciosa le atrae hacia si. El riesgo es elevado y hay que hacer acopio de todo el aplomo posible para no sucumbir al desastre.

El tocadiscos es un punto de inflexión. La música que podría unirlos en impúdico adulterio es la que escupe a Doinel a la realidad, poniendo ese ‘si, señor’ en sus labios para, al derramar nervioso el café, poder huir de la tragedia. Fabienne poblando su inconsciente y lo consciente. Tabard planea cual impertérrito censor en primer plano propiciando la apresurada fuga de un Antoine avergonzado y excitado en equitativas partes.

La perversa ondina, ávida de saciar sus deseos, le persigue. Con un obsequio y una breve nota trata de tranquilizar al joven Antoine:

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‘…la diferencia entre tacto y cortesía… Un caballero empuja la puerta de un cuarto de baño y descubre  una dama enteramente desnuda, retrocede inmediatamente y cierra diciendo: ‘perdón, señora’, eso es cortesía. El  mismo caballero empuja la puerta, descubre a la misma dama desnuda y dice ‘oh, perdón, señor’. Eso es tacto. He comprendido su huida…’

Tacto, cortesía, empatía o discreción son términos al parecer ya arcaicos. Nuestra realidad inmediata así parece inferirlo. En este ‘nuevo’ mundo que habitamos en el que la condescendencia ha dejado paso a la ‘franqueza’ brutal, los individuos se jactan de ‘ir de frente’, dejando a un lado eufemismos y sentimientos de incomodidad o dolor ajenos, eso sí, siempre y cuando los famosos comentarios ‘frontales’ no vayan contra uno. En ese momento se apela a todo tipo de faltas de consideración y poca amabilidad sin pararse a pensar en la ‘doble personalidad’ y la relatividad moral propia de la que se hace gala.

Doinel responde a su misiva, exponiendo su atormentado corazón, buscando un perdón infantil por el engaño al que ha sometido a la dama. Por lo que no ha ocurrido más que en su imaginación y por algo que cree que no debe suceder aunque lo desee fervientemente.

La travesía de esa carta de despedida por los subterráneos de París es todo lo que le queda a este joven amante ilusorio. El deseo, la ternura, el amor perfecto imaginado, la fugacidad de los breves instantes de conexión espiritual y la ensoñación del contacto carnal acabarán cuando el escrito llegue a su destino.

Mas la tragedia de este moderno Ulises aún no ha acabado. Su particular náyade perversa y lasciva, fascinada por la certeza de la fantasía juvenil, insiste en rememorar la fogosidad de un efebo que a su vez hace que se sienta apetecible, querida, admirada y deseada. Esta vez ha sido ella quien, mecida por el arrullo de sus letras, ha acudido  veloz a su llamada para tentarle, y tentarse, por última vez.

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La lectura es otro de sus puntos en común, comparten la afición por El lirio del valle, de Balzac. La historia narra la platónica y tierna relación entre Félix de Vandenesse y  la noble Blanche-Henriette de Mortsauf. Al igual que el protagonista, Antoine ha tenido una infancia distante tanto emocional como físicamente de sus progenitores, internado en variados centros para menores. Del  mismo modo que Félix, conoce al objeto de sus desvelos, la señora Tabard, que puebla cada segundo de sus fantasías. La mujer madura y experimentada que le proporcionará experiencias y una pizca del ansiado amor maternal.

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Debido al cruel azar su destino no es estar juntos pero no han de acabar su existencia sin arrepentirse por no haber compartido, al menos, una pequeña dosis del idílico amor que se profesan. Y Ulises ahora desnudo, fuerte y frágil, parecía estar secretamente esperándola. Sin oponer apenas resistencia termina por sucumbir. No hay tragedia esta vez, únicamente parte del conocimiento de la respuesta a su pregunta interior: ¿Quién es ella?

¿Por qué nos embellecemos? ‘Para gustar o por cortesía hacia los demás’. O hacia uno mismo, como modo de sentirse bien reforzando la propia autoestima (es obvio que cuando nos vemos hermosos nos enfrentamos al mundo de una manera agradable y positiva). ‘Todas las mujeres son excepcionales, cada una a su modo’. He aquí una pequeña pieza de la respuesta que Doinel necesita. La pequeña Christine también es excepcional, y Antoine lo sabe a pesar de hacerla sufrir en ocasiones.

El amor es un extravagante juego de apuestas y riesgo para conseguir lo que se piensa que vale la pena. Hay que tratar de quemar todos los cartuchos. Por ello, Christine, sola en casa en un fin de semana, estropea deliberadamente el televisor para que  alguien tenga que repararlo. Antoine es enviado al domicilio Darbon con tal propósito. La muchacha aprovecha para seducirlo por fin con éxito y amanecen juntos. Un tierno intercambio de pequeñas notas, suponemos amorosas, en el desayuno, termina por estrechar los lazos entre la pareja.

Un individuo seguía a diario a la joven dama. Un día, el hombre se acerca para declararle su amor y devoción. Ambos lo escuchan perplejos.

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Antoine aprecia en el hombre breves notas de si mismo. Ese comportamiento solitario y taciturno, esa necesidad de amor cortés, idealizando a la mujer como una diosa del querer, esa apariencia cercana a la locura y el estigma de la desubicación, el no saber cómo encajar en ningún sitio….

Más o menos en su tesitura habitual Doinel se ha ido dejando llevar por el arrullo de la adoración que Christine le profesa y a la que ha ido sucumbiendo dulcemente poco a poco. Se van cumpliendo sus  tiernas aspiraciones vitales: conseguir una mujer que le ame y una familia en la que sentirse integrado, considerado y querido.

Anycka HC @anycka7, para contraescritura, 2013

Revisión en Diván Inquieto, 2015

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