Intertextualizando a Truffaut (III) Antoine y Colette: el amor a los veinte años

‘Te arriesgas a perderlo todo por querer demasiado’

Una etapa turbulenta de ebullición constante, nacimiento del deseo, del ansia de experimentar, momento de desarrollo de algunas amistades verdaderas, frustraciones varias. La vida adolescente es dura, rebelde y reaccionaria, necesitada de ayuda y apoyo pero lo suficientemente orgullosa como para no solicitarlo. La niñez ha quedado atrás y la etapa adulta aún está por venir. Tierra de nadie con emociones intensas que suele vivirse con prisa, rabia y rebeldía latentes.

Antoine (Jean Pierre Leaud) se ha visto obligado a ser mayor. La adolescencia y sus conflictos, inconclusos. Con 17 años ha pasado por dos instituciones de menores; de la primera se escapó para fundirse con el mar (Los cuatrocientos golpes), siendo libre durante cinco días. En la segunda, la psicóloga del centro le concede la libertad condicional, es expulsado sin prolegómenos de transición al mundo adulto. Su vida social se reduce a la relación con René (Patrick Auffay), su amigo de la infancia. El hecho de que aquella amistad perviva indica que Antoine es una persona íntegra y estable capaz de mantener relaciones sinceras y profundas.

El contexto familiar, cultural y social es determinante en la formación de la personalidad de los individuos. La ausencia/presencia de un entorno armónico es importante para el desarrollo de la identidad y su influencia significativa a la hora de relacionarse con el entorno y los semejantes. En el caso de Antoine, su carácter autosuficiente y retraído es el reflejo de aquella infancia disfuncional.

Doinel vive solo, emancipado, en una habitación en la Place Clichy. Lleva una vida sencilla y organizada, con  rutinas diarias que le permiten sentirse seguro y cumplir su sueño adolescente: ser independiente y mantenerse. Suena el despertador, enciende una colilla del cenicero, pone uno de sus discos favoritos y abre la ventana, permitiendo simbólicamente la receptividad del  aire y la luz inundando la estancia.

Trabaja fabricando discos en Phillips. Se inscribió en juventudes musicales, dónde acude a reuniones y conferencias y consigue entradas gratuitas para conciertos de música clásica y ópera, una de sus pasiones.

En ocasiones queda con René Bigey, agente cambiario en la bolsa, para charlar. Rememoran anécdotas de la infancia, como aquella partida de backgammon en el dormitorio, convertido en fumadero, recordando que su padre al entrar descubre a un Antoine fugitivo, torpemente escondido tras de la cama de René, y nunca dijo nada al respecto (camaradería/tapadillo entre adulto/niño). Elucubran sobre el amor aún no encontrado o el correspondido y acuden juntos a conciertos.

La incursión en las lides amorosas en la etapa adolescente es más que una etapa de ensayo y error en la que instruirse y perfeccionar, con  observación y diálogo,  estrategias de seducción.

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Veladas musicales: Doinel  descubre a Colette, una atractiva muchacha sentada en las filas de enfrente. La contempla obnubilado, perdiendo incluso el hilo del concierto. Mira sus rodillas, su cuello, todos los pequeños gestos. La chica, al saberse observada, se coloca la falda, tapando sus piernas, se atusa el pelo, juguetea con los dedos, tocándose el labio, mordisqueando la medalla… Exaltando con todo ello las fantasías de Antoine en ese primer atisbo de amor y deseo. La efervescencia del momento le lleva a especular con René sobre potenciales encuentros. Su amigo no puede nteresarse ahora, en su mente no hay espacio disponible. Idolatra secretamente a su prima, a la que tiene planeado declararse por carta si sigue amándola después de cortarse el pelo.

Doinel fantasea planeando estrategias de acercamiento a la chica. Sentarse a su lado en los conciertos e intercambiar opiniones sobre el recital pueden ser un buen comienzo. Salen juntos, caminan conversando sobre sus quehaceres habituales. En el domicilio de Colette, Antoine consigue el teléfono para volver a quedar. Averigua que vive con su madre y la pareja de ésta. Por esa parte se asemeja a su vida de la infancia, aunque pronto verá el abismo entre las dinámicas familiares de ambos. La pareja se ve a menudo, se prestan libros y discos. Para ella él es un amigo, para Antoine su dulce amada. Tierra de nadie y lugar de infortunios.

René es el paño de lágrimas de Antoine, desesperado por su imposibilidad de avance con la damisela. Mientras, Bigey progresa en su idilio con la prima que, con su corte de pelo a lo Juana de Arco, es aún más adorable si cabe. Contesta a sus ardorosas cartas plagando las letras de besos. Desesperante contraposición entre la felicidad de René y la desgracia de Doinel.

La insolencia juvenil desemboca en conductas fallidas. Y cuando esto ocurre se vive como un auténtico drama. Un rechazo es percibido como una estocada mortal y el juego de la insinuación todavía no se sabe interpretar para reconducir el próximo movimiento.

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En una de sus salidas al cine con Colette le regala el primer disco que ha fabricado íntegramente. Intenta con ello establecer un nuevo lazo de unión. Segunda fase: indagar posibilidades de cortejo. Coge su mano,  ella, sorprendida, se deja. Rodea sus hombros con el brazo, tratando de acariciarle el cuello. La chica aparta su mano. Él no capta las señales indicadoras de repliegue e insiste, tratando de forzar un beso. Ella le rechaza contundentemente. Se enfadan, él desaparece algunos días.

¿Acercamiento? Ella va a verle, anunciándole una invitación de sus padres a cenar, Doinel rehúsa y compungido proclama su rendición. Anhelando una nueva oportunidad, acude a esa cena, ya terminada. La madre de Colette se ofrece a prepararle algo. La familia de la chica lo adora y le han tomado en adopción, pero la dama es inmune a sus encantos. En la puerta aceha un rival con aires de madurez y seguridad, cualidades de las que Doinel, aparentemente, carece. Los muchachos se miran, odio velado hacia el contrincante. Colette y su cita se van.

Parece que los obsequios de la vida son para otros. Colette y René tienen su normal e idílica vida familiar. Unos padres que los cuidan y apoyan. Un sueño dorado para Doinel. La vida amorosa les sonríe a ambos. Colette cortejada por Albert, un muchacho algo mayor que ellos. René evoluciona favorablemente con su prima ¿y qué hay para él? Quizás una dolorosa angustia existencial. Antoine tiene mucho que aprender todavía en el sutil arte de la seducción.

Anycka HC

@anycka7 en Contraescritura, 2013

Revisión para Diván Inquieto, 2015

 

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