En Terapia (I) ¿Se puede retomar el (auto) control?

retomar el control
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Un intento de retomar el orden de la vida

En ocasiones sucede que un evento inesperado trastoca las emociones humanas. La manera de enfrentarse a ello, buscarle una explicación satisfactoria o integrarlo en el curso de la existencia se vuelve difícil. Ese suele ser el momento de la aparición de los trastornos emocionales.

Las vidas de un grupo de personas se entrecruzan. El terapeuta Guillermo Montes (Diego Peretti) trata a diferentes personas. Una mujer, Marina (Julieta Cardinali), que no sabe cómo afrontar sus relaciones y reacciones personales. Un policía, Gastón (Germán Palacios) que desvía el dolor distanciándose emocionalmente de sus actos. Una adolescente, Clara (Ailín Salas) con necesidad compulsiva de atención y una pareja, Ana y Martín (Dolores Fonzi y Leonardo Sbaraglia), con subterfugios y dudas encubiertas en su relación.

La serie supone un acontecimiento novedoso tanto por la temática que aborda como por su manera de presentar y exponer las diferentes situaciones. Muchos de nosotros habremos tenido la experiencia, de modo más o menos indirecto, de acercarnos a un proceso de terapia. Ese tipo de situación extraña, en la que no parece que pase nada pero de la que no se habla por temor a la vergüenza, al dolor o la estigmatización de padecer un dolor espiritual. Es complicado exponer este tipo de trastornos sin temor a la recepción de un juicio. Este suele ser el principal motivo de ocultación de los pesares del alma.

Empatía, capacidad de escucha activa, reinterpretación de una percepción errónea o aceptación incondicional sin miedo a  reprobación o dictamen son lo que en esos momentos de incertidumbre, pérdida y debilidad oculta tratan de buscar las personas que deciden comenzar una terapia.

El comienzo del análisis es complicado, duro y triste, y no solo para quien demanda una solución. La generalidad del suceso traumático es arrastrada a la superficie. Las máscaras empiezan a destensarse. La interiorización extrema como mecanismo de huida y evitación se destapa. Se oponen todo tipo de resistencias, internas (negación, incomprensión de lo que el terapeuta demanda o pregunta) y externas (rigidez corporal, posiciones defensivas o agresivas: cruce de brazos y/o piernas, excesiva apertura de extremidades como posición velada de salto y ataque, tensión mandibular). El recién llegado tiene que familiarizarse con el entorno, sentirlo cálido, llegar a formar parte de él. Necesita establecer una región de confianza en la que sentirse seguro, cómodo y aceptado.

Los inicios de la terapia suponen un pulso de poder con el contrincante desconocido. Igual que el mundo exterior, la consulta es el entorno hostil en ese momento. Los primeros rounds de la contienda rehabilitadora se muestran turbulentos, extraños y desfavorables. El cliente demanda una cura. Quiere rapidez, eficacia y nada de dolor. Su pretensión es un ritual mágico. Busca la solución a sus pesares sin querer implicarse en el proceso. Implora, de manera más o menos consciente, tratando de inspirar compasión o desafiando abiertamente al terapeuta, la exención de responsabilidad en su pesar, bastante tiene ya con padecer sufrimiento. Poco a poco irá cayendo la resistencia, perdiendo el miedo e implicándose en el entendimiento y el análisis de los recovecos de su mente. Es entonces cuando comienza a fraguarse la estructura de la recuperación.

Durante varias sesiones podremos convertirnos en voyeurs de las alteraciones del espíritu, incluso de nuestros propios conflictos anímicos, identificarnos con algunos de los comportamientos esquivos, incomprensibles y/o colaboradores de los distintos pacientes y asistir a la caída y desmontaje de barreras y resistencias irracionales que dificultan el bienestar emocional de las personas. Nadie está exento de una alteración mental, todos nos hemos sentido extraños en nuestro propio armazón en algún momento de la vida. Y hemos necesitado de apoyo, comprensión, escucha, ánimo y ayuda. Pero a veces no sabemos cómo pedirla o a quién.

Nos encontramos ante una serie altamente recomendable, visual, introspectiva, catártica, sentimental y didáctica y no demasiado publicitada, lo que en ocasiones es garantía de calidad, como en este caso.

Anycka HC, @anycka7,  en  Factory magazine

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